3 mar. 2010

Mensajes de Cuaresma del P. Laurence, 26 de Febrero


Una de las plagas de Egipto fue la densa oscuridad que cubrió la tierra y que ”era tan espesa que se la podía sentir”. Yo recibí una carta de una persona a quien nunca había conocido quien estaba atrapada en una depresión semejante. Ella me reclamaba a mí y a la Comunidad por no ayudarla en su miseria. Era evidente que ella estaba sumida en una profunda pena y angustia. Su enojo era una forma de descargarse. Cuando averigüé sobre el tema me informaron que muchos miembros de la Comunidad la habían escuchado y pasado algún tiempo con ella. Aunque los mismos no eran terapistas, ellos le habían pasado la mano amistosamente en su terrible soledad. Obviamente la pobre mujer había olvidado aquello, no pudiendo disipar la densa oscuridad alrededor de ella. Como un agujero negro en el cual la luz no puede entrar ni salir, su oscuridad parecía inevitable. Ella sólo sentía la espesa oscuridad, el eclipse de todo amor y esperanza.
La obstinada negativa del Faraón de dejar salir a los israelitas fue momentáneamente sacudida con la plaga de la oscuridad, pero cuando Moisés llevó sus reclamos más lejos, él se contrarió y volvió a negarse. Fue la siguiente plaga, la muerte de los primogénitos, la que finalmente le hizo cambiar de idea. En la vida interior, también la muerte del antiguo yo es un mejor camino que pasar arrastrando la mitad de la vida en la densa oscuridad.La meditación es una aceptación de la muerte y cuando la muerte es aceptada nos impulsa a una forma de vida más intensa.
Laurence Freeman