3 mar. 2010

Mensajes de Cuaresma del P. Laurence, 27 de Febrero


En la cultura occidental conocemos todo respecto a la imagen. Una buena imagen proyecta y vende cualquier cosa por un tiempo. Si tu imagen está empañada haces una nueva imagen, cambia de marca uno mismo o de nuestro propio producto. Sabemos que no todos somos tan bonitos como los modelos que nos venden nuestra ropa o nos hacen escoger los sitios para vacaciones. Sabemos que la auto-presentación de los políticos como sinceros, abiertos y preocupados es probablemente un producto de las relaciones públicas. Este conocimiento respecto a cómo opera nuestro mundo guía a un cinismo generalizado, una profunda falta de confianza, a menudo combinada con un sentido renuente de dependencia en lo que no creemos. El elemento hipócrita en la religión que Jesús expuso y castigó también nos ha hecho sospechar de hombres (o mujeres) en largas túnicas diciéndonos cómo quiere Dios que seamos.Al mismo tiempo nuestro mundano escepticismo nos ha abierto la puerta de la experiencia contemplativa frente a la cual nos paramos confundidos, vacilantes. Es la única manera de ir. No podemos regresar a la comodidad de una ingenuidad anterior.Crecemos cuando abandonamos todas las imágenes, así sean atractivas o entretenidas, aunque sean defectuosas, para descubrir que nosotros mismos somos la imagen que buscamos. Nosotros somos el ideal que proyectamos hacia el exterior hacia otros con menos y menos convicción. Nuestro verdadero yo es el imago dei, el ícono vivo de Dios, la cosa real. No debemos de buscar más. La buena noticia es que buscarlo es ya encontrarlo. De hecho no necesitamos buscarlo. Solo debemos estar quietos.Algo a lo que podamos dedicar más tiempo en Cuaresma.
Laurence Freeman