18 mar. 2010

Mensajes de Cuaresma del P. Laurence, 17 de marzo

San Patricio predicó el evangelio del perdón a las mismas personas que lo habían esclavizado en su juventud. Se movió del peregrinaje a la misión. En este proceso algo le abrió el interior y lo liberó tanto que se llenó con el poder del amor que superó su amargura. Cuando leemos las vidas de los santos que, como él, “soportaron muchas dificultades” tanto de enemigos como amigos y que sin embargo y pese a todo continuaron alabando y sirviendo a Dios, podemos ser un tanto escépticos y pensar que lo que se cuenta no fue tan fácil como suena.
No cabe duda de que para ellos las cosas no fueron fáciles y de que hubo tiempos de duda, desaliento y fracaso. Pero como vemos también a través de personas relevantes como Nelson Mandela, Gandhi, Oscar Romero, el amor a los enemigos no es un ideal imposible. Para alcanzar este don – necesario en cualquier caso para nuestra propia paz mental – dos cosas deben estar en su sitio correcto. La primera es que tenemos que saber que realmente Dios nos ama tal y como somos; y la segunda es que en consecuencia tenemos la gracia de la resistencia y la perseverancia. En su vejez, San Patricio escribió sobre su vida con gratitud por esta gracia mientras rememoraba sus tiempos de “prosperidad y adversidad”- Juan Casiano utiliza estas mismas palabras para describir la fidelidad a nuestro mantra, a través de los altibajos de nuestra peregrinación interior. El peregrinaje encarna una misión.
Laurence Freeman