24 abr. 2011

Domingo de Pascua. Mensaje del P. Laurence

Las mujeres que primero vieron a Jesús resucitado y transmitieron la buena noticia –hombres, niños y un perro reunidos alrededor de la antigua piedra que se encuentra parada en el centro exacto de la isla de Bere. Cada minuto va aclarando más pero nosotros todavía esperamos – en una quietud cada vez más profunda – que la luz dorada del amanecer aparezca en el lejano hueco lleno de esperanza en la nube del horizonte. El dorado se filtra, rico, sanador y glorioso y el día ya ha amanecido verdaderamente. Aleluya. Que la paz de Cristo Resucitado llene nuestros corazones y disipe la oscuridad y el temor. La Resurrección es una experiencia en esta vida. Nos envía nuevamente a vivir nuestras vidas de todos los días de un modo nuevo, libres de temor, libres para amar. Libres para ser felices.¡Felices Pascuas para todos. Aleluya!

Laurence Freeman OSB

(Traduccción de Ana Privitello)

23 abr. 2011

Sábado Santo. Mensaje del P. Laurence

“Algo extraño está sucediendo” – una homilía del Sábado Santo en el Siglo II comienza con esa reflexión, vaga y firme a la vez. No es como cualquier otro día porque carece de un significado exacto. Luego del entierro, cuando la gente se retira a sus casas y todos los platos se han lavado hay un largo silencio y un vacío infinito. El viejo lenguaje de la relación se ha disuelto y uno nuevo todavía debe tomar forma. Entre dos maneras de conocer solamente sabemos con certeza que no sabemos. Sin saberlo, así como un claro en las nubes o una rajadura en la cortina, una especie de luz nunca vista antes promete revelarse. Pero no hay certeza. Ya nada es seguro. En estos momentos de vivir al borde de dos mundos tenemos solamente la luz de la fe, en sí consciencia pura. La muerte aún está siendo asimilada. Laurence Freeman OSB
(Traducción de Mónica Thompson)

22 abr. 2011

Viernes Santo. Mensaje del P. Laurence

En una ciudad que no conocemos, en un páramo, en un denso bosque o en una historia que tenga profundo significado, fácilmente podemos sentirnos abrumados y perder el rumbo. En estas circunstancias naturalmente buscamos el camino, no importa lo angosto que sea, o cualquier indicio que nos indique la dirección correcta. En la inagotable historia de la Pasión, Muerte y Resurrección que empezamos anoche con la liturgia del Jueves Santo de la Última Cena y el lavado de pies podemos encontrar la pista y las conexiones que necesitamos para darle un sentido a todo el resto. La clave para comprender la Eucaristía es el lavado de los pies. La Eucaristía es la clave para comprender la Cruz. Sin la Resurrección la Cruz tiene sólo dos dimensiones. Hoy nos enfocamos en el via crucis y en la liturgia de la Pasión y muerte. Para ello es fundamental el tiempo que le demos a narrar la historia. La escuchamos una vez más aunque la conocemos bien – o creemos conocerla. Cada vez que volvemos a contarla descubrimos nuevos niveles de comprensión porque hay detalles específicos que atraen nuestra atención por primera vez. El solo hecho de darnos el tiempo necesario para narrar la historia nos prepara para comprenderla mejor. A menudo estamos demasiado ocupados para escuchar dos veces una misma cosa y deseamos nuevos episodios y nuevas estrellas. Pero la veneración de la Cruz, aún luego de las oraciones demasiado vocales que la preceden, es hoy el aspecto más conmovedor y revelador de la perspectiva simbólica del significado de la muerte de Jesús. Al arrodillarnos y besar los pies de la cruz nuestra propia posición social o aún nuestro nivel de fe carecen de importancia. El acto de veneración es un acto libre de tal humildad que hace que por lo menos en ese momento, todos somos uno, todos iguales. Ser un discípulo nunca parece tan simple y tan gratificante. Al venerar la Cruz estamos venerando la verdad que sólo puede conocerse en la total entrega. Esta describe la Cruz misma como una absoluta entrega al amor. Como lo entendía John Main, al final no somos salvados por el sufrimiento de la Cruz sino por el amor que transmite a los que la veneran, y aún a aquellos que no lo hacen.
Lurence Freeman OSB
(Traducción de Patricia Jacobs)

21 abr. 2011

Jueves Santo. Mensaje del P. Laurence

Los miembros de una familia que está en duelo tiene que ser respetada en sus estados de ánimos cambiantes según el momento. Podría ser que en un momento de sociabilidad, en una cena con risas y conversación, de repente la sombra de la pena y la pérdida puede envolverlo todo.
La persona afectada tiene que dejar a quienes le acompañan, mientras que todos entienden y sienten hasta cierto punto lo mismo. Tal vez nuestras propias almas y el mundo en sí mismo no son diferentes a este mosaico cambiante de luces y sombras que cubren todo el paisaje, en un día de viento, nubes y sol. En la historia del Evangelio de la Pasión que hoy comenzamos con la última Cena hay un efecto de claroscuro. La luz brillante de la presencia de Jesús celebrando con sus discípulos, cantando salmos, bebiendo vino y unidos en la fe y en la amistad. Esta escena contrasta a veces horriblemente con la racha oscura de la traición de Judas y la inminente detención de Jesús, que es arrastrado a su juicio-espectáculo. En Juan es donde encontramos que las últimas enseñanzas de Jesús alcanzan un nivel sublime de auto-exposición y divulgación de la verdad. Casi todas las líneas de los discursos de despedida, ofrecen un material para toda una vida de contemplación e investigación.
La alegre convivencia de la vida no siempre se las arregla para coexistir con un trágico sentido de la pérdida y la pena, y no funciona el tratar de forzarlos prematuramente. Sin embargo, cuanto más nos mantenemos en el corazón de estas contradicciones, más se lleva a cabo una reconciliación milagrosa. Esta fusión de contrarios puede ser entendida pero no creada por el pensamiento.

Todo el sentido de la cruz está contenido en esta última comida, vivida con la familia y los amigos. Ella nos mostrará su significado, si sabemos esperar.
Laurence Freeman OSB

20 abr. 2011

Miércoles Santo. Mensaje del P. Laurence

Es difícil no pensar en la naturaleza en términos humanos. Cuando el mar golpea contra el acantilado rocoso día tras día, siglo tras siglo, su paciente trabajo de erosión agujerea cuevas, desprende grandes trozos del frente rocoso, crea arcos pintorescos y nuevas piezas de tierra. La implacable embestida de la suavidad en contra de la dureza de elementos crea una metáfora del mundo insensato que podemos usar para darle sentido a nuestra propia experiencia. Nosotros colonizamos la naturaleza, en un primer momento, con nuestra imaginación.
Esto puede ser útil -siempre necesitamos nuevas analogías. Pero es no ver las cosas como realmente son, porque la impersonalidad de la naturaleza nunca puede ser incorporada a la conciencia de la existencia humana. Al igual que todos los demás habitantes del planeta, estamos sometidos a leyes cósmicas. Pero también somos piezas únicas en el rompecabezas cósmico, sin las cuales todos los mundos, conocidos y desconocidos, serían incompletos. Hasta que sepamos dónde y cómo encajamos, continuamos siendo piezas separadas que permanecen en la búsqueda de modelos que nos den sentido.
La amistad que anhelas y necesitas para ser plenamente humano proviene del reconocimiento de que nuestra propia singularidad se refleja en la solitaria singularidad de los demás. La alternativa a esta íntima soledad es una colectividad de masas - sociedad de consumo o estado comunista - en que una falsa seguridad se basa sólo en similitudes y uniformidades forzadas. Para evitar esto tenemos que levantarnos un poquito más temprano cada mañana y hacer una pausa cada tarde después del trabajo para ser nosotros mismos y nadie más. Pero entonces mejor podemos conectarnos y servir a los demás.
La autodestrucción de Judas fue el resultado de su incapacidad de admitir o confesar lo que había hecho. No podía soportarse a sí mismo. Pero su pecado de infidelidad no era más grande que el de Pedro, el príncipe de los apóstoles. Pedro lloró pero Judas desesperó. Lágrimas, como las olas del mar, al fin romperán a través del insensible corazón. Pero desesperar- como letargo en la vida espiritual- pospone y rechaza la hora de la verdad de manera indefinida.
Cristo lleva a los espíritus elementales del universo en una procesión triunfal. Las fuerzas impersonales de la psique que nos asustan por su potencial hacia la violencia y los trastornos sociales pueden, en otras palabras, ser domados y controlados. No estamos a merced de nuestras lealtades cambiantes, relaciones inestables y las prioridades del desgaste. Las fuerzas de la inestabilidad no tienen la última palabra. Más allá de la última palabra hay un silencio vivo.
Laurence Freeman OSB
(Traducción de Marta Elizabet Krause)

19 abr. 2011

Martes Santo. Mensaje del P. Laurence.

Desde el comienzo, subir una colina empinada implica un compromiso. En primer lugar, tienes que ser realista al mirarla y evaluar el desafío que representa y tu posible resistencia. Esto lo puedes hacer inconscientemente ya que puedes confiar en tus instintos. No obstante, no hay razón para que desestimes el desafío, siempre y cuando ajustes tu ritmo a la pendiente. Pequeños pasos lograrán un mejor resultado en menos tiempo de lo que puedes hacerlo con un intento impaciente por cubrir la distancia demasiado rápido. Cuando comiences contarás con energía fresca y el optimismo inherente a cualquier nuevo comienzo. Pero a mitad de camino tendrás que fijar tu foco entre el objetivo y el próximo paso a seguir. El objetivo te otorga la motivación, el próximo paso la aplica. Si estas caminando con otros, su compañía y conversación te hacen avanzar aun cuando se dificulte tu respiración al escalar; y tu perseverancia, a su vez, los sostiene. Al igual que el peregrino interior, una buena y vigorizante caminata con amigos en un día soleado hasta la cima de la colina con vista al mar, combina esfuerzo con placer y satisfacción. Es un buen ejercicio y es bueno compartirlo. San Pedro de Damasco, cuyas enseñanzas sobre las ocho etapas de la contemplación utilizamos durante el retiro, nos enseñó sobre la naturaleza del viaje espiritual. Las primeras tres etapas se refieren a la formación y preparación ascetas. Con frecuencia comenzamos a caminar, dice él, desde una triste sensación de caída del mundo y de nuestra propia ignorancia. A medida que caminamos, tanto nuestra ignorancia como nuestro sentido de que somos nuestros propios y peores enemigos se ven lentamente disipados por el conocimiento espiritual. Desde algún lugar más allá del horizonte, nuestro intento por cambiar el rumbo se corresponde con una más que generosa respuesta de gracia. Esto sucede en formas impredecibles. El nuevo conocimiento no es conceptual ni práctico del tipo que obtenemos en libros o técnicas de aprendizaje. Surge de andar el camino del desconocimiento, de escalar la colina con buen y mal tiempo, solos o con buenos amigos. Tomamos conciencia de este nuevo aprendizaje espiritual a medida que discernimos entre la ignorancia y el desconocimiento. Entre el esfuerzo y la gracia. Y entre el éxito y el amor. Laurence Freeman OSB
(Traducción de Patricia Clivio)

18 abr. 2011

Lunes Santo. Mensaje del P. Laurence

Hoy, a medida que la Cuaresma nos da todo lo que ha venido preparando para nosotros, empezamos el retiro de Semana Santa en la isla Bere. Los meditadores de muchos lugares están convergiendo en esta pequeña isla irlandesa atraídos por una experiencia de silencio que ninguno de nosotros puede poner en palabras pero que hace que las palabras se vuelvan más fáciles de decir con verdad y convicción. Hoy también hemos tenido suerte con el tiempo en una hermosa tarde dorada con luna llena pascual. Lógicamente, hablamos de los patrones meteorológicos que actúan como metáforas de los cambios de humor y de conciencia que ocurren en el viaje interior. La vida es una serie incontable de principios. Y, de manera más sorprendente de lo que uno pensaría, para cada principio hay un final. Pero en la nueva semilla de cualquier cosa, encontramos la esperanza y promesa potencial que nos proyecta más allá de la dualidad del nacimiento y la muerte. Los principios y los finales tienen diferentes significados, algunos más fáciles de aceptar que otros, pero estos dos polos son inseparables e ilusorios. La juventud no sería joven sin la edad. Podemos desechar fácilmente esta esperanza de los principios como puro romanticismo, una ilusión compulsiva que ocurre nuevamente cada vez que empezamos otra vez. O podría ser una inocencia incontrolable que refleja la naturaleza real de la mente, la naturaleza de Dios como el ahora eterno, y como una frescura perenne que no puede decrecer con el tiempo. Sin la fe, que nos permite ser capaces de tener esta esperanza y que nos protege del cinismo, no podríamos ser capaces de experimentar la gracia. La combinación de las dos, fe y gracia, es la que nos cambia a nosotros y al mundo a su tiempo. Puede ser una coincidencia, un amigo, un libro, o una búsqueda en Internet que dispara el convencimiento que todo principio positivo debe ser bienvenido. Lo inesperado y lo impredecible tienen que ser constantemente justificados. Si no podemos dar la bienvenida a lo nuevo estamos condenados a revivir los viejos patrones hasta el final del horizonte. Laurence Freeman OSB (Traducción de Silvina Santos)

17 abr. 2011

Domingo de Ramos. Mensaje del P. Laurence

Observa el regocijo de la victoria de una elección, el candidato triunfador viviendo la gloria de la adulación de la multitud y la energía intoxicadora de esperanza y de los propósitos frescos. Compara esto con la situación del político cansado, derrotado y prematuramente más viejo que camina hacia su jubilación con algunos hilachos de dignidad. La escena icónica en la historia del Evangelio en la que nos concentramos hoy, después de la preparación de Cuaresma, hace eco a esto – pero a la inversa. Jesús entra a Jerusalén transportado por la ola de entusiasmo de la multitud. Las masas lanzaban palmas ante El cantando sus alabanzas. Ellos esperaban grandes cosas de esta figura mesiánica. Tal vez, muy adentro, ellos no esperaban algo tan diferente de los anteriores, pero necesitaban triunfadores para compensar su propio sentido de desilusión, tanto como nos gustan los ganadores del Factor X o cuando ansiamos poder tocar la orla del vestido de alguna celebridad. La diferencia en la versión de esta historia – así como en la Pasión, y la caída personal que le sigue – es que el protagonista no creé en el mito en que lo han convertido. El se comprende a sí mismo y lo que está ocurriendo. En el centro de la agitación un silencio frío y la presencia mental empiezan a protagonizar. En los próximos días tenemos que distinguir claramente la diferencia entre la individualidad cruda del personaje central y los elementos míticos de la historia. No hay una resolución fácil a esta paradoja. Decídete por un extremo o por el otro y perderás el sentido. Jesús entonces se convierte en una figura histórica menor, transformado en un ícono mítico, que ha capturado la imaginación profunda de la humanidad por dos milenios. Para poder leer la historia en la que nos embarcamos hoy, debemos permitir que la historia nos lea. Nuestras propias esperanzas y decepciones, errores y éxitos, nos guiarán en la historia cuyo significado penetra toda experiencia humana. Luego nos levanta para ver la realidad que trasciende y transforma a todo aquel que la mira. Laurence Freeman OSB (Traducción de Lucía Gayón)

16 abr. 2011

Sábado, 5ta semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

Existen algunos períodos de tiempo que definitivamente se convierten en el símbolo de lo que acontece en toda nuestra vida. Si estos momentos los vivimos conscientemente, en especial los míticos cuarenta días de Cuaresma, asistiremos a un viaje que refleja cada proceso de nuestra vida y experiencia. Comenzamos a vivir, a veces desfallecemos, luego nos recuperamos, aprendemos de los errores y el sentimiento de éxito se alterna con el del fracaso; esperamos al final volver a surgir con la integración y claridad que implica un alto nivel de conciencia, viendo sin mayor esfuerzo que hay un camino más allá del éxito y del fracaso. Muchas personas están temerosas tanto del éxito como del fracaso. Una persona de negocios que es promovida a una mejor posición, en la que es envidiada por otros, puede sentirse ansiosa y dudar de sí misma, aún cuando todos los que están celosos de él o ella lo feliciten. Cuando se tiene una ambición de lograr algo, el éxito es agradable; una vez que éste ha llegado, se convierte en un desafío a la auto-estima y fácilmente puede generar miedos o temores, por ejemplo, el no ser capaz de cumplir la nueva posición que se ha logrado. Lo que a menudo mantiene a la gente en la carrera por el éxito, es simplemente el temor de cómo serán vistos por los demás si rechazan lo que todo el mundo anhela, por lo tanto si dejan pasar la oportunidad y no demuestran tener "hambre" en la vida empresarial, se convierten inmediatamente en una presa. En este momento, las personas viven el efecto de perderse pero en el camino equivocado. Realmente han perdido la posibilidad de ser ellos mismo y tienen que esperar que la rueda de la fortuna gire en contra de ellos para poder encontrar esa capacidad restauradora de sí mismos, en caso, por supuesto, de que ellos aún puedan reconocerse. Sólo trabajando en el espíritu de servicio y responsabilidad con otros se evita esta trampa. Por lo tanto, el vacío del "éxito" es una lección valiosa acerca de la naturaleza del trabajo espiritual. Sólo podremos decir que hemos empezado el trabajo de la meditación cuando hayamos podido, al menos reconocer, y habiendo reconocido, dejar ir el deseo de triunfar en ella. El ego siempre se aferra a lo que conoce mejor - él éxito como la supremacía del individuo. En este sentido, el ego debe atenuarse de ir más allá del deseo espiritual, incluso del deseo de Dios. Sólo la práctica regular, constante, con lealtad profunda, permite que esto pase.
Laurence Freeman OSB

(Traducción de Mile Flautero y Enrique Lavín)

15 abr. 2011

Viernes, 5ta semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

No hay mística instantánea, decía John Main. Pero, continuaba, sí que hay el infinito amor de Dios que llena nuestros corazones y eso es más que suficiente. Lo que expresa muy bien de qué nos tenemos que desprender: La impaciencia, las exigencias y expectativas que ponemos en la meditación cada vez que la practicamos. Y que si buscamos sinceramente, encontraremos en nuestra propia experiencia si nos tomamos en serio el trabajo de renunciar. La mayoría empezamos bien el viaje, dispuestos a una absoluta renuncia en el tiempo de la meditación. Pero luego bajamos el nivel al querer poner más claúsulas al contrato que ahora nos parece que firmamos con excesivas prisa. Pero cuantas más exigencias y expectativas tengamos, más difícil es meditar. Después de muchos errores, nos damos cuenta de que renunciar para conseguir algo no es verdadera renuncia. Lo que no significa que no podamos hacer progresos, por mucho que nuestra motivación no sea pura y nuestra práctica defectuosa. Si significara eso, seríamos todos unos perfeccionistas pesimistas. Pero la gratificación instantánea no funciona. El "átomo de tiempo" que La Nube del no Saber dice que el trabajo de la meditación requiere, sin embargo, es el momento presente. A causa de ello, nuestras decepciones y depresiones, nuestros bajones de entusiasmo y falsos comienzos y recaídas son todos ellos inmensamente útiles y positivos. Cada vez que estamos seguros de tener éxito y fallamos, son puertas que se nos abren para descubrir mejor lo que buscamos realmente. Si es aceptada y nos pone a trabajar, la energía de la decepción se transforma en un renovado compromiso. La esperanza de resultados inmediatos se disuelve en el soñar despierto que es realmente. Y entonces la completa experiencia del significado del amor en el fondo de nuestro ser brota en nosotros y nos lleva con ella. Convertir la derrota en avance no es sólo un truco del conferenciante motivador. Aprender a meditar es la consecuencia sencilla de aguantar el derrumbe de nuestras ilusiones y adaptarnos por entero a un nuevo modo de ver las cosas. Laurence Freeman OSB (Traducción de José Luis Lobete)

14 abr. 2011

Jueves, 5ta semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

John Main dijo que el gran desafío para el cristiano moderno es encontrar un nuevo lenguaje para comprender y comunicar la fe que nos une a Cristo. Este es un desafío de varios niveles más de lo que puede parecer a primera vista. En primer lugar, requiere que sumerjamos nuestro pensamiento tradicional y el vocabulario en el silencio profundo y puro. Cuando meditamos no estamos pensando o hablando con Dios, sino estamos en Dios. Este ser es en silencio. Plenamente comprendido, es el silencio - la atención total y la comunión que es el amor de Dios. En segundo lugar, se requiere que arriesguemos nuestras creencias y el idioma familiar. Renegar o rechazar, no es lo mismo que dejarlas a un lado a medida que entramos en el silencio. Pero al principio esto puede parecer como si se rechaza o incluso se traiciona nuestro sistema de creencias más profundas. Tenemos que descubrir, en nuestra propia experiencia, qué es lo que la meditación enseña a todos los que la practican, creyentes y no creyentes por igual, que la fe es más profunda que la creencia. En tercer lugar tenemos que volver desde el silencio y relacionarnos con otras personas de buena voluntad para el bien común del mundo. No estamos tratando de convertir o impresionarlos. Estamos para ser lo que la fe y el silencio nos están haciendo y por lo tanto, podemos aceptar y respetar a los demás como son. De esta manera, vemos a Cristo de una manera nueva y maravillosa. Para hacer frente a los no creyentes, un científico agnóstico, por ejemplo, este silencio es esclarecedor para nosotros y para ellos. Es un desierto, un lugar de simplicidad radical y verdad, del conocimiento de sí mismo en el que no puede esconderse detrás de cualquier máscara religiosa o psicológica. Es una reunión de Cuaresma en la que aceptamos la necesidad de autocontrol. Pero el desierto explota en flores y la Cuaresma se convierte en alegría cuando dos personas honestas, allí donde se encuentran permanecen juntas.
Laurence Freeman OSB

(Traducción de Roberto Ariel Gómez)

Miércoles, 5ta semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

"El corazón es engañoso más que cualquier otra cosa; es perverso - ¿quién lo puede entender?" Esta visión del profeta Jeremías sugiere una respuesta diferente y menos consoladora al auto-conocimiento. El corazón es definido usualmente como el lugar del conocimiento espiritual y del discernimiento verdadero. Es el sagrado punto central de la conciencia, un tabernáculo de la presencia divina. Conocer tu corazón es conocer a Dios. Sin embargo el corazón está muy cerca de aquella otra zona del yo bíblico, la barriga, donde la turbulencia de la emoción y de la pasión nos azota con tormentas repentinas. Las fuerzas de este aspecto de nuestro yo facilmente ensombrecen al corazón y hacen que parezca, al menos temporalmente, que hemos perdido el corazón totalmente. Pero confundir la barriga y el corazón de esta manera nos hace sentir inseguros: ¿Somos tan inestables y tan impredecibles? Mientras estemos en este viaje no podemos ser nunca complacientes sobre los grados de compostura o paz que creamos que hemos alcanzado. Los padres del desierto nos advirtieron que estuviéramos siempre vigilantes y listos para ser humillados por nuestra propia inestabilidad. Por eso la Cuaresma nunca ha tenido que ver con el perfeccionismo y con ganar méritos. Tiene que ver con la humildad, que es auto-conocimiento, y que también significa saber que hay areas de nuestro yo que no podemos conocer con certeza. Por un rato puedes sentirte solidamente anclado en el corazón. Equilibrado, resistente, compasivo, centrado en el prójimo. Pero se han formado apegos de manera imperceptible, y con ellos, ilusiones. Cuando la realidad amanece y deja al descubierto estos eslabones débiles en la cadena, toda la cadena parece despedazarse. De pronto podemos ser hundidos en el desconsuelo, la ira y la tristeza. Al formarse la tormenta, podemos estar concientes de que este estado es temporal y que podemos asimilarlo. Pero también podemos sentirnos totalmente incapaces de controlarlo.


Al final de la lucha que tomó todo el día la salud del corazón se restaura. Como con Jesús en su Pasión, la voluntad del ego se adapta a la fuerza divina del amor. Este amor sin control surge de manera inesperada y barre con todo a su paso. Sólo cuando el equilibrio es restaurado podemos ver que lo que parecía fracaso y desilusión - y lo era- era en realidad, más verdaderamente, gracia y crecimiento.

Laurence Freeman OSB

(Traducción de Antonio J. Sosa)


13 abr. 2011

Martes, 5ta semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

Es difícil distinguir lo importante de lo trivial, lo eterno de lo transitorio. Por otra parte, es duro ver lo importante en lo trivial y lo eterno en lo transitorio. La capacidad de ver tanto la distinción como la conexión es la fe. Si nuestra fe no es sólida los síntomas serán una sensación de que algo se nos escapa siempre, viviendo demasiado en la nostalgia y con miedo de perder la siguiente oportunidad. Pensaremos, ojalá hubiéramos estado más despiertos, más alertas y más presentes. Esta experiencia de presencia total está en el corazón de las enseñanzas de Jesús sobre la oración. También emana de la poesía Haiku (zen-japonés), según la cual se trata se saborear la realidad contemplada más que conceptualizarla. Nieve/cae sobre la nieve/y permanece silenciosa. Caminar/el perro que te encuentras/un montón de perros. Lo que tiene significado es la conciencia. El propósito de la meditación es limpiar las puertas de la percepción y restaurar la salud del ojo del corazón, mediante el cual Dios es visto. El primer paso es calmar la mente agitada, lo cual impide que el ojo del corazón funcione. De hecho, no tenemos dos tipos de ojos. La visión integrada es la verdad, es ver claro. Decir el mantra a veces parece complicado, pues estamos cansados o agitados. Pero el trabajo de la fe nunca es una pérdida de tiempo. Hay momentos de claridad, momentos haiku, incluso de ver a Jesús elevado, pero el verdadero fruto es la experiencia expandida del amor . Eso es lo que la visión significa. Nadie dice que haya sólo un camino. Pero el camino es uno/Debe ser uno/La belleza del mantra/Ese es el uno. Laurence Freeman OSB (Traducción de José Manuel Arguedas)

11 abr. 2011

Lunes, 5ta semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

La Cueva Chauvet en el Sur de Francia, descubierta hace alrededor de 20 años, contiene las primeras obras de arte conocidas- decir obras de arte humanas seria redundante, pues solo el humano es hacedor de lo artificial. Otros animales hacen herramientas para servir un propósito práctico en la lucha por sobrevivir. Solamente los humanos se hayan tan intrigados y seducidos por la realidad que tratan de reproducirla para comprenderla mejor. Las pinturas de la cueva, de leones, bisontes y rinocerontes, son casi completamente del mundo animal; las pocas figuras humanas parecen surgir con sus totems animales como en los antiguos mitos muy posteriores. Vemos estas poderosas y amorosas representaciones de la naturaleza con una íntima resonancia. Reconocemos y entendemos tanto el impulso instintivo de representar como su forma de relacionarse con el mundo que nos rodea. Pero no hay palabras u otras indicaciones de los beneficios o rituales que se relacionaban con el arte. Como con los círculos de piedras y toda la prehistoria, nos sentimos simultaneamente cercanos y distantes a nuestros ancestros. La prehistoria es silente. En relatos posteriores, como aquellos que hemos estado preparando las últimas semanas para repetir en la Semana Santa, culminando en la gran noche del fuego tribal de la Vigilia Pascual, compartimos un contexto histórico. Las palabras nos han llegado y tratamos, aun de manera imperfecta, de comprender su significado. La historia habla. Pero hay una tercera etapa en la búsqueda humana que es el eterno presente. Estamos equivocados cuando lo proyectamos en el futuro. El futuro es solo otra metáfora. El eterno presente tiene un tipo de silencio diferente, post-verbal y post-imaginativo. No se trata de representación, verbal o visual, precisamente porque es el presente. Todo en el tiempo señala esto.Y cuando llegamos a esto, hemos llegado a casa. Laurence Freeman OSB (Traducción de Alicia Petri)

10 abr. 2011

Domingo, 5ta semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

Se dice que nos toma algún tiempo después de la muerte en darnos cuenta y aceptar que realmente estamos muertos. Tal vez entendemos que nuestra conciencia sigue funcionando después de un lapso momentáneo pero en un medio diferente. O quizá el problema es que sólo nos damos cuenta poco a poco -aunque es difícil saber cómo- que la muerte no es lo que pensamos que era.Así que si estamos muertos, es una forma diferente de estar muerto a la que habíamos imaginado antes de morir. ¿Entonces la muerte no es desaparecer? ¿Es sólo una transición? ¿ y si es así, una transición hacia qué? No podemos decir lo que pasa. Por lo tanto, si queremos profundizar en el significado de nuestra experiencia, mejor nos enfocamos en esta vida y no en el comienzo de la segunda . Antes de que Jesús resucitara a Lázaro de entre los muertos, la gente se burlaba de Él. Todos los elementos de la muerte estaban allí, el dolor, la aflicción, la alteración de lo cotidiano y la ausencia física. Sin embargo, Jesús entra en todo esto con sus lágrimas por aquel que amó y extiende su Amor hacia lo desconocido y devuelve lo que estaba muerto a la vida. Si es físicamente cierto o si se trata de una parábola con un significado, en cualquier caso, ¿qué es lo que quiere decirnos? No nos dice nada significativo a menos que nos conectemos con nuestra propia muerte. No la muerte del último aliento, sino la muerte de la pérdida, de la decepción o de la aflicción física y emocional, que nos coloca fuera del alcance de otros. Si podemos recordar esta experiencia de la muerte - o inclusive esos momentos donde realmente dejamos ir nuestros pensamientos, imágenes y emociones y nos volvemos pobres de espíritu, entonces, podremos ver un haz de claridad luminosa que atraviesa la oscuridad. Ese haz de luz empieza a resplandecer con nueva fuerza y brillo hasta que veamos el pasado y el futuro en una forma completamente nueva. Las tragedias de la vida y las prácticas mundanas de la meditación diaria y las disciplinas Cuaresmales contienen la misma verdad - la mano del amor nos alcanza cuando nos sentimos derrotados. Laurence Freeman OSB (Traducción de Cecilia González)

Sábado, 4ta semanade Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

Un día soleado, un joven entra en su antiguo colegio con una pistola y mata a varios niños. Un dolor y una oscuridad indescriptibles se apoderan de las almas de los padres desesperados que esperan fuera. Una pérdida irreparable ha irrumpido en algunas vidas en un instante y de forma cruel como la fuerza impersonal de un desastre natural. Nos esforzamos en explicar ese lado horrible de la naturaleza humana, pero no podemos. Debemos aceptar que no hay explicación para el mal, que coexiste con el misterio del amor. Si nos fijamos, es posible vislumbrar que lo peor de que son capaces los seres humanos proviene de los agujeros negros donde el amor no puede entrar. Si hay algo que podamos llamar “significado” en estos hechos, ese algo debe ser que se nos devuelve a la vida más convencidos de que debemos amarnos unos a otros como Él nos amó. Que sólo el poder del amor importa.Tenemos que estar preparados para la muerte, sea cual sea el modo en que venga. Nuestro sendero espiritual no vale si no creemos que nos está preparando para la muerte. Cuánto más preparados estemos, más libremente podremos amar lo que no puede ser amado, una vez que las partes oscuras de nuestros corazones hayan sido superadas. No podemos explicar las tragedias que causan algunas psiques destruídas, pero sí podemos sumergirnos completamente en la compasión que suscitan. El amor entonces se puede ver como un tsunami que se lleva todas las fuerzas destructoras y autodestructoras y que cura lo que parece incurable. Más allá de las palabras, abracemos esos corazones rotos de Río en ese amor. Laurence Freeman OSB (Traducción de José Luis Lobete)

Viernes, 4ta semana de Curesma. Mensaje del P. Laurence

Inicialmente cuando estamos aprendiendo a meditar - estamos todavía aprendiendo, somos discípulos aún en las últimas etapas y descubrimos la diferencia entre atención y concentración. Generalmente cuando nos concentramos en algo, un problema, un libro, un sonido o un objeto, nosotros nos ponemos muy tensos. La frente se marca con arrugas y el cuerpo se contrae. Después de un rato la tensión comienza a agotarnos como resultado del gasto de energía en muchos y distintos niveles corporales. La atención, en contraste, es precisamente un estado sin tensión. Esto significa ausencia de esfuerzo. Lo cual definitivamente es un cambio del centro de conciencia lejos de mi propio universo e introspección y auto-evaluación: ¿Cómo voy? ¿Qué piensan los demás de mi? ¿Soy Feliz? También es una expansión de nuestro nivel de conciencia, el cual se hace profundo y amplio. Y normalmente, cuando un crecimiento de este tipo ocurre, sucede un agotamiento de la energía. Pero con la atención, como con el amor de una madre, esta aumenta en directa proporción a su capacidad de ser recibida o darse por sí misma sin generar el agotamiento profundo. Así, con la meditación, es importante determinar si aprendemos a meditar como una disciplina o como una técnica. Las técnicas son de por si auto-limitantes. Ellas se estrellan contra una pared rápidamente y entonces tenemos que saltar la pared - para trascender el ego - o colapsar de vuelta dentro de nosotros mismos y nuestra propia revisión biológica. La disciplina, por otra parte, es inherentemente auto-trascendente porque busca al maestro escondido en el misterio, en quien su atención está enfocada. Jesús llama a esta atención una “vía angosta”. Angosta pero similar al cero, tan cercana al infinito como podemos imaginar. De cualquier forma nos “muestra el camino en nuestra vida”. Laurence Freeman OSB (Traducción de Mercedes Guadarrama)

Jueves, 4ta semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

La fotografía puede ser un arte o una especie de desorden obsesivo-compulsivo. Usado adecuadamente puede ayudar a sacar la atención afuera de la corriente de pensamientos y enseñarte a prestar atención solo a lo que te rodea o a lo que está enfrente tuyo. Enfocando un detalle o un ángulo inusual te ayuda a encontrar tu `ubicación presente´, como cuando el sistema de GPS te solicita ubicación. Pero entonces, en determinado momento, cuando tu atención ya esté entrenada, y tú estés en el momento presente estarás listo para guardar tu cámara. La mejor fotografía, que ninguna lente puede atrapar, surge entonces y ya no necesitarás retratar la realidad sino participar de ella. Lo mismo puede decirse de otros medios de preparación para entrar en la atención de transformación de la meditación. Practicando la toma de conciencia de tu estado mental o de tus sensaciones corporales es también posible calmarse o enfocarse en un solo punto. Pero si permanecemos en el estado de preparación de la nada, reacios o incapaces de movernos a la próxima etapa, se convierte en una trampa. Si no podemos dejar la cámara, nos quedamos estampados en los objetos externos. Si no podemos sacar la atención de nosotros mismos, nos quedamos pegados en la conciencia mental de nuestros estados interiores. Equilibrar lo interior con lo exterior, es el primer paso del trabajo contemplativo. “Cuando sean capaces de hacer los dos en uno, y cuando configuren el interior con el exterior, lo de arriba con lo de abajo… entonces entrarán [a los dominios del Padre]”. (Evangelio de Tomás 22:4). Por este motivo es que fuimos advertidos hace cuatro semanas de no estar inseguros con respecto a la meditación o cualquier práctica espiritual. Al principio, estaremos tanto inseguros como impacientes con los resultados. Pero con práctica este egocentrismo disminuye. La mejor manera, entonces, es transformando nuestra práctica en buenos hábitos, difícilmente notables, excepto por sus frutos. Laurence Freeman OSB (Traducción de Isabel Arcapalo)

Miércoles, 4ta semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

En las manos de un narrador que nos gusta, nos encanta que la historia nos atrape. A medida que la tensión crece, un giro inesperado acrecienta nuestro interés. Quedamos absortos por la historia y la encontramos tan divertida como llena de catarsis. En las historias de detectives las pistas y los personajes nos atraen hasta un punto casi adictivo. Encontrar la solución a los misterios se vuelve cada vez más tentador, al punto de querer volver rápidamente a tomar el libro cuando debemos dejar de leer. La misma fascinación sienten los entusiastas de crucigramas y rompecabezas. Reconocen las diferentes personalidades que han marcado el rompecabezas que se burla y los frustra todos los días. Sentados frente a la última clave previo a terminar el rompecabezas, con una sensación agridulce, mucha gente ha tenido un sueño en donde vivencia un total progreso hacia el conocimiento. Donde todas las piezas y preguntas inconclusas son resueltas y esto produce la paz total y una serena satisfacción. Al despertar, el resplandor del crepúsculo aún conserva la fuerza de la experiencia de la verdad; pero el contacto directo con la verdad se ha roto. La nostalgia por el conocimiento perdido ahora se agudiza cuando se dan cuenta que han perdido la clave de la pregunta que estaba ya respondida. Gradualmente esa nostalgia se desvanece hasta convertirse en nostalgia por la nostalgia perdida. Generalmente lo mundano gana espacio y va cubriendo la aguda sensación de pérdida. Si tuviéramos el mismo nivel de dedicación con la meditación que tenemos con las novelas de suspenso o los rompecabezas, estaríamos listos para el progreso con el cual nos vamos a comprometer de nuevo en los misterios pascuales. Si tan solo pudiéramos reconectarnos con el conocimiento olvidado. La lección de esta Cuaresma es que podemos. Laurence Freeman OSB (Traducción de Sabrina Alcaraz)

Martes, 4ta semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

Un joven monje virtuoso y diligente cedió a la tentación en una ocasión (no sabemos de que manera) y rápidamente cayó en el abatimiento. Al poco tiempo abandonó toda su práctica espiritual y pasaba los días holgazaneando y sintiéndose cada vez más un fracaso y un rechazado. Fue a ver un maestro que reconoció el problema y le dijo simplemente que comenzara a dar un giro a su vida. Volver a subirse al tren. De manera parecida a lo que ocurre cuando hay que desmalezar un jardín abandonado, al joven monje sin embargo le pareció –tal como nos ocurre muchas veces a nosotros- que era un trabajo demasiado grande para llevar a cabo. Solamente comienza, fue el consejo. De a poco. Día a día. Y algún día volverás a estar en el lugar que estabas antes pero más sabio que cuando cediste a la tentación. Y así se puso en marcha. Este compromiso con la práctica regular y el comenzar de nuevo una y otra vez no parece demasiado heróico o impresionante. Tal vez Lucifer eligió rebelarse porque pensó que era más impresionante ser un ángel caído en un mundo irreal que ser simplemente uno de los millones de buenos ángeles parados en filas cantando alabanzas a Dios en el mundo verdadero. Realizar la tarea de a poco cada vez y día tras día es todo lo que significa crecer – no hay esteroides espirituales para acelerar el proceso, que no lo arruinen al mismo tiempo. Pero no es tan aburrido como parece. A medida que descartamos las capas de ilusiones, la realidad comienza a brillar con una gloria que transforma nuestra percepción. En tanto el ego disminuye, empezamos a evaluar las cosas desde criterios reales en vez de insostenibles. Estos cuarenta días se tratan justamente de ver como volver a comprometernos al proceso del día a día, pero en un nivel más profundo, donde la luz brilla ya más fuerte que antes. Dios no espera que tengamos éxito, nos recuerda el viejo rabbi, pero no se nos está permitido darnos por vencidos. O si prefieren una adivinanza para niños: Pregunta: -Como puedes comerte un elefante? Respuesta: - De a un poquito cada día. Laurence Freeman OSB (Traduccción de Luis Pesciallo)

Lunes, 4ta semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

Aún durante el sueño profundo podemos tener distintos estados mentales. En la condición del sueño se generan imágenes y sentimientos que pueden tener un poderoso efecto sobre nosotros –emocional y físicamente- como si los sueños fueran reales. A menos que estemos muy lúcidos, sufrimos los efectos del estado mental, pero no podemos distinguir por qué es esto. Lo mismo ocurre al estar despiertos cuando estamos bajo el influjo de una ilusión o adicción cuya naturaleza dañina o falsa puede llegar tan lejos como para negarla. Sin embargo, cuando reconocemos y aceptamos por qué es el estado mental, podemos decir que hemos despertado o que estamos en un estado de mayor atención y conciencia plena del momento presente. La diferencia entre la condición de estar dormido o despierto es tan grande que podemos sentir que así es - no hay mucho más adonde ir excepto mantenerse claramente consciente de lo que nos está sucediendo. Una atenta conciencia de este tipo es ciertamente una mejora sobre estar ciegamente conducidos por fuerzas que no podemos comprender. Pero esto no nos llevará a lo que sigue, la etapa transformativa donde nuestra conciencia realmente evolucione. Para esto primeramente necesitamos un compromiso personal que vaya más allá-esto es- lo que entendemos por fe. Esta es la perseverancia en la relación con aquello que aún no es totalmente conocido por nosotros, pero el cual gradualmente nos damos cuenta que es la fuente de todo conocimiento. También necesitamos una ayuda más allá de nuestros propios recursos, la gracia, una fuerza más allá del horizonte de nuestra voluntad o deseo. Cualquier práctica espiritual sostenida –tal como la observancia de la Cuaresma como un tiempo de creciente atención hacia adentro y simplificación externamente- significa un movimiento por este camino del despertar. La atención y conciencia plena del momento presente es un alivio que obtiene y trae muchos beneficios. Pero la mayor maravilla es llegar a estar consciente de una mente mayor a la cual lleva, la mente de Cristo en la que nos estamos preparando durante estos días para entenderla mejor a través de los misterios de la Pascua. Laurence Freeman OSB (Traducción de Mary Tere Francisco)

3 abr. 2011

Domingo, 4a semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

Uno de los héroes del Dalai Lama, según dice él mismo, es un hombre de Belfast quien un día, cuando era un niño regresando de su escuela, fue herido de bala y cegado de por vida por un soldado inglés. Cuando Richard Moore regresó del hospital a casa, su madre lo llevó aparte para decirle dos cosas. Primero, que él nunca volvería a ver de nuevo y segundo, que él jamás debería de odiar al británico. En una de sus visitas a Belfast organizada por la Comunidad, el Dalai Lama conoció a Richard y aprendió cómo él recientemente había iniciado una organización de beneficencia para niños que sufren de violencia y conflictos emocionales. Él mismo era un testigo viviente de lo que los maestros de la no violencia de todas las tradiciones enseñan – que es posible, no importa lo imposible que parezca, trascender el instinto reactivo de odio y de venganza que surge y generalmente nos domina, después de que hemos sufrido a manos de otros. La manera más importante de lograr lo que parece imposible es verlo. Una vez que cualquier cosa es vista y experimentada, no importa que tan inalcanzable parezca, se entra en el reino de la posibilidad. Para verlo de esta manera tenemos que cerrar nuestros ojos a las imágenes ilusorias que en realidad indican una ceguera espiritual. Cuando en los Evangelios Jesús sana al ciego – el hombre ciego de nacimiento o el mendigo ciego Bartimeo – Él no está trabajando sólo en el nivel físico. Con su vista recuperada, los hombres pueden ver con una claridad y una viveza que los llena y les da el coraje y la decisión que solamente la visión de la realidad puede despertar en nosotros. En ambos casos ellos lo siguieron. La meditación es simultáneamente, un camino de fe y un modo de visión. En la medida en que la fe se profundiza, la visión se vuelve más clara; y cuando vemos con suficiente intensidad y viveza, ya hemos cambiado nuestra dirección. El instante real de cambio – como el de una resurrección de los muertos – siempre está oculto en el momento en el que el grado de visión alcanza el punto crítico. Nunca podremos ver a Dios como un objeto sino sólo participar de la visión que Él tiene de nosotros, que – como nuestro ego admite a regañadientes – no es el final de la historia sino parte de una visión infinitamente más grande de la que podemos imaginar.
Laurence Freeman OSB

(Traducción de Gerardo Mora)

Sábado, 3a semana de Cuaresma. Mensaje del P. Lurence

Es difícil hacer cualquier cosa que nos exponga a la atención de los demás sin preocuparnos por la impresión que estamos causando. Si esta preocupación se vuelve demasiado fuerte, ensombrecerá nuestra forma de trabajar y eventualmente podríamos llegar a hacer todo lo posible para lograr un efecto - ganar la atención que ansía nuestro ego. Entonces, un abismo de falsedad comenzará a abrirse entre lo que se está haciendo y por qué se lo está haciendo. La alegría del trabajo disminuye a medida que aumentamos nuestro apego a los resultados. Debido a que vivimos en instituciones demasiado manejadas por el impulso competitivo, esta actitud hacia el trabajo puede convertirse en un hábito que infecte a todo tipo de actividad. Incluso las cosas que hacemos solos, las que nadie está interesado en conocer, pueden parecer controladas por una cámara mental que envía información constante, sobre la forma en que uno se compara con un rival imaginario. En casos extremos, esto lleva a un colapso mental, pues se hace difícil distinguir lo real de lo ilusorio. En la mayoría de las circunstancias, conduce a un estado constante de auto-insatisfacción y ansiedad. En el lenguaje bíblico, esto es lo que sentimos como “injusticia”, como si fuéramos (o podríamos ser) separados de la bondad divina, y ocupar una ranura aislada en un universo hostil. Para revertirlo se requiere un nuevo tipo de trabajo realizado a un nivel profundo de soledad y quietud, en el que reconocemos y aceptamos nuestra singularidad total. En este desierto de la interioridad, nos despertamos a nuestra interconexión. La soledad florece. La herida en la conciencia comienza a sanar. Ninguna parte de nosotros entonces, puede ser aislada del amor. La labor de restauración hacia un equilibrio sano de la mente y el corazón, es el trabajo diario que hacemos con nuestra meditación. Finalmente, cuando descubrimos que verdaderamente hemos partido, la jornada de paz surge simplemente, por el hecho de estar en el camino. Esperemos que la Cuaresma nos ayude a percibir este sentimiento, día tras día. Los tiempos de meditación son deliciosamente libres de toda competencia. No hay público para aplaudir o abuchearnos. Pero tampoco estamos solos.
Laurence Freeman OSB Traducción de Ana Lucía Bermeo)

Viernes, 3a semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

El gran crítico literario del siglo XVIII, Dr. Samuel Johnson, uno de mis héroes, cierta vez hizo una reseña muy crítica de un popular poema épico. Su oponente preguntó como es que se atrevía a atacar algo de tal magnitud que el mismo no podía producir. El Dr. Johnson respondió que si bien el no podía hacer una mesa, podía darse cuenta de si la mesa estaba o no bien hecha. Si, igual que yo, tú eres musicalmente analfabeto, podrías igualmente ser capaz de apreciar, amar y necesitar a la música como parte de tu vida. Estarías mejor capacitado si la pudieras analizar técnicamente-quizás- pero lo mismo puedes apreciar y beneficiarte de lo que no puedes describir. Toda la humanidad está en esta situación con relación al misterio máximo de la realidad. Si lo puedes comprender no es Dios, decía San Agustín. Qué observación interesante proveniente de uno de los grandes intelectos de la cultura occidental. El símbolo budista es el de las cuerdas de un arpa-si están muy ajustadas o muy sueltas no se puede tocar música. Los maestros cristianos del desierto usaban la imagen de un arco-si está muy tenso se romperá, y si está muy laxo no tendrá la tensión necesaria para lanzar una flecha. Aplica esto a tu meditación o a tu disciplina de Cuaresma (si recuerdas qué es) y a tu personalidad (como puedas apreciarla) y a tu estilo de vida. ¿Acaso no sugiere que lo que estamos buscando no esta lejos, fuera de nuestro alcance, sino meramente en otra longitud de onda con la que debemos ponernos en sintonía? Los que tengan oídos para oír, oigan, dijo Jesús.
Laurence Freeman OSB

(Traducción de Martha Rossi)

Jueves, 3a semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

Desde que la humanidad desarrolló la tecnología, a menudo nos hemos encontrado en competencia con la naturaleza. Podemos mejorarla, controlarla, evitar los peligros que presenta. Negar que tenemos esta capacidad y deseo no tendría sentido. Ser conscientes en sentido humano -a diferencia de los animales o de las plantas- significa que nos encontramos fuera del orden natural. O, tal vez, digamos que estamos en el orden natural de una manera que nos exige una respuesta consciente. Por lo tanto, tener el poder que la conciencia nos otorga también, nos llama a actuar con moralidad y a ser responsables por nuestras acciones. Mientras el mundo tiembla ante tantos asuntos importantes, ecológicamente no menos que políticamente, la forma en que somos conscientes guarda cada vez más relevancia con las soluciones que buscamos. La verdad, y no sólo la resolución de problemas, es tan necesaria para nuestro mundo como lo es para nuestra vida personal. Es extraño pensar que la meditación y nuestras prácticas de Cuaresma –que han sido diseñadas para mantenernos creciendo conscientemente con claridad y, por tanto, con responsabilidad- tienen un efecto en este sentido. Esto nos afecta no solamente en el modo en que hoy tratamos a gente difícil en nuestro trabajo, o en brindar atención compasiva en un momento dado a alguien que no nos es útil en alguna forma, sino también –en forma similar en la que una flor, rompiendo la superficie del suelo, envía una onda a través de distantes galaxias- en el calentamiento global y en la lucha por los derechos humanos en el Oriente Medio. Ser conscientes significa saber que estamos separados de nada y conectados con todo. Laurence Freeman OSB (Traducción de Adolfo Blanco)

Miércoles, 3a. semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

Si encuentras a Buddha en el camino, mátalo: famoso dicho zen. Después de la Resurrección, de acuerdo a los discípulos camino a Emaus, se dice que al partir el pan, sus ojos se abrieron y ellos Lo reconocieron, luego, ‘El desapareció de su vista’. Toda tradición espiritual tiene un elemento iconoclasta, como destruir incluso las imágenes sagradas y el desprecio de todo dogma a expensas del verdadero soberano. San Gregorio de Nyssa llegó a decir que toda imagen de Dios es un ídolo. Si visitamos una bella iglesia de campo inglesa, pulida por centurias de cultos vemos las estatuas de Jesús, de María y de los santos decapitadas por extremistas puritanos, fundamentalistas de otrora. Entonces, la tristeza toca nuestras almas debido a la insensible profanación de la belleza e intolerancia en contra de las formas de reverencia practicadas por otros. Cuando los talibanes destruyeron los antiguos y enormes Buddhas de Bamiya, el mundo se estremeció. Poner en tela de juicio las imágenes incluso las sagradas es necesario, aunque no siempre. Tomen una bella percepción nacida en un glorioso momento de sabiduría, transfórmenla en una idea, luego en una verdad no-negociable; congélenla en un particular conjunto de palabras y transfórmenla en un test de ingreso del grupo al que ustedes pertenecen. La forma rígida de la percepción original necesita ser destruida – a pesar de que parece que estuviera desapareciendo y tememos al vacío que se muestra. Luego la percepción retorna liberada de su caparazón y el vacío se muestra como una fresca y fragante plenitud. Lo opuesto de esto es sin embargo, adicción a una ironía estéril. En lugar de destruir lo sagrado, que es una forma de blasfemia que contrariamente expresa verdadera reverencia – adoración en espíritu y verdad – la constante ironía y el escepticismo nos consumen. Ello nos dice que nada es sagrado. Que cualquier cosa que tome la forma de una experiencia genuina de verdad es inmediatamente pisoteada por un tipo de juicio salvaje, una anarquía del espíritu. Durante la Cuaresma, recordamos la importancia de esto – las estatuas y crucifijos en las iglesias católicas no son destruidos sino cubiertos con telas de color púrpura. Pero el propósito es agudizar nuestra habilidad para reconocer lo divino en su momento de revelación, lo cual, en lo que al ego concierne, es también el momento de su desaparición. Recitar el mantra nos enseña esto directamente.



Laurence Freeman OSB

(Traducción de Teresa Decker)