11 abr. 2011

Lunes, 5ta semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

La Cueva Chauvet en el Sur de Francia, descubierta hace alrededor de 20 años, contiene las primeras obras de arte conocidas- decir obras de arte humanas seria redundante, pues solo el humano es hacedor de lo artificial. Otros animales hacen herramientas para servir un propósito práctico en la lucha por sobrevivir. Solamente los humanos se hayan tan intrigados y seducidos por la realidad que tratan de reproducirla para comprenderla mejor. Las pinturas de la cueva, de leones, bisontes y rinocerontes, son casi completamente del mundo animal; las pocas figuras humanas parecen surgir con sus totems animales como en los antiguos mitos muy posteriores. Vemos estas poderosas y amorosas representaciones de la naturaleza con una íntima resonancia. Reconocemos y entendemos tanto el impulso instintivo de representar como su forma de relacionarse con el mundo que nos rodea. Pero no hay palabras u otras indicaciones de los beneficios o rituales que se relacionaban con el arte. Como con los círculos de piedras y toda la prehistoria, nos sentimos simultaneamente cercanos y distantes a nuestros ancestros. La prehistoria es silente. En relatos posteriores, como aquellos que hemos estado preparando las últimas semanas para repetir en la Semana Santa, culminando en la gran noche del fuego tribal de la Vigilia Pascual, compartimos un contexto histórico. Las palabras nos han llegado y tratamos, aun de manera imperfecta, de comprender su significado. La historia habla. Pero hay una tercera etapa en la búsqueda humana que es el eterno presente. Estamos equivocados cuando lo proyectamos en el futuro. El futuro es solo otra metáfora. El eterno presente tiene un tipo de silencio diferente, post-verbal y post-imaginativo. No se trata de representación, verbal o visual, precisamente porque es el presente. Todo en el tiempo señala esto.Y cuando llegamos a esto, hemos llegado a casa. Laurence Freeman OSB (Traducción de Alicia Petri)