15 abr. 2011

Viernes, 5ta semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

No hay mística instantánea, decía John Main. Pero, continuaba, sí que hay el infinito amor de Dios que llena nuestros corazones y eso es más que suficiente. Lo que expresa muy bien de qué nos tenemos que desprender: La impaciencia, las exigencias y expectativas que ponemos en la meditación cada vez que la practicamos. Y que si buscamos sinceramente, encontraremos en nuestra propia experiencia si nos tomamos en serio el trabajo de renunciar. La mayoría empezamos bien el viaje, dispuestos a una absoluta renuncia en el tiempo de la meditación. Pero luego bajamos el nivel al querer poner más claúsulas al contrato que ahora nos parece que firmamos con excesivas prisa. Pero cuantas más exigencias y expectativas tengamos, más difícil es meditar. Después de muchos errores, nos damos cuenta de que renunciar para conseguir algo no es verdadera renuncia. Lo que no significa que no podamos hacer progresos, por mucho que nuestra motivación no sea pura y nuestra práctica defectuosa. Si significara eso, seríamos todos unos perfeccionistas pesimistas. Pero la gratificación instantánea no funciona. El "átomo de tiempo" que La Nube del no Saber dice que el trabajo de la meditación requiere, sin embargo, es el momento presente. A causa de ello, nuestras decepciones y depresiones, nuestros bajones de entusiasmo y falsos comienzos y recaídas son todos ellos inmensamente útiles y positivos. Cada vez que estamos seguros de tener éxito y fallamos, son puertas que se nos abren para descubrir mejor lo que buscamos realmente. Si es aceptada y nos pone a trabajar, la energía de la decepción se transforma en un renovado compromiso. La esperanza de resultados inmediatos se disuelve en el soñar despierto que es realmente. Y entonces la completa experiencia del significado del amor en el fondo de nuestro ser brota en nosotros y nos lleva con ella. Convertir la derrota en avance no es sólo un truco del conferenciante motivador. Aprender a meditar es la consecuencia sencilla de aguantar el derrumbe de nuestras ilusiones y adaptarnos por entero a un nuevo modo de ver las cosas. Laurence Freeman OSB (Traducción de José Luis Lobete)