10 abr. 2011

Miércoles, 4ta semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence

En las manos de un narrador que nos gusta, nos encanta que la historia nos atrape. A medida que la tensión crece, un giro inesperado acrecienta nuestro interés. Quedamos absortos por la historia y la encontramos tan divertida como llena de catarsis. En las historias de detectives las pistas y los personajes nos atraen hasta un punto casi adictivo. Encontrar la solución a los misterios se vuelve cada vez más tentador, al punto de querer volver rápidamente a tomar el libro cuando debemos dejar de leer. La misma fascinación sienten los entusiastas de crucigramas y rompecabezas. Reconocen las diferentes personalidades que han marcado el rompecabezas que se burla y los frustra todos los días. Sentados frente a la última clave previo a terminar el rompecabezas, con una sensación agridulce, mucha gente ha tenido un sueño en donde vivencia un total progreso hacia el conocimiento. Donde todas las piezas y preguntas inconclusas son resueltas y esto produce la paz total y una serena satisfacción. Al despertar, el resplandor del crepúsculo aún conserva la fuerza de la experiencia de la verdad; pero el contacto directo con la verdad se ha roto. La nostalgia por el conocimiento perdido ahora se agudiza cuando se dan cuenta que han perdido la clave de la pregunta que estaba ya respondida. Gradualmente esa nostalgia se desvanece hasta convertirse en nostalgia por la nostalgia perdida. Generalmente lo mundano gana espacio y va cubriendo la aguda sensación de pérdida. Si tuviéramos el mismo nivel de dedicación con la meditación que tenemos con las novelas de suspenso o los rompecabezas, estaríamos listos para el progreso con el cual nos vamos a comprometer de nuevo en los misterios pascuales. Si tan solo pudiéramos reconectarnos con el conocimiento olvidado. La lección de esta Cuaresma es que podemos. Laurence Freeman OSB (Traducción de Sabrina Alcaraz)