12 mar. 2011

Viernes de Ceniza 2011. Mensaje del P. Laurence


La religión sin praxis es hipocresía. En griego, esta palabra hace alusión a aquello que hacen los libres. Supone poner en práctica la teoría y las buenas intenciones. Espiritualmente, implica vivir en el nivel de la experiencia. En la praxis, nos embarcamos en un proceso, en lugar de simplemente apuntar a un objetivo. Aceptamos trabajar con nuestras propias imperfecciones – ya que, por muy buena que pudiera ser nuestra praxis, nuestra meta no es alcanzar la auto-perfección. Esto supondría caer de lleno en la trampa del ego.
Este proceso es práctico, sí, pero también bastante sutil, ya que implica la purificación de nuestra motivación. Conforme nos ponemos en marcha, espiritualmente, la fuerza egocéntrica de nuestros motivos se ve gradualmente reducida. Poco a poco, nos encontramos a nosotros mismos haciendo el bien simplemente porque vamos mejorando; por el bien del bien en lugar de por nuestra propia satisfacción. La virtud es recompensa en sí misma. Amamos a Dios por amor a Dios, no por aquello que pudiéramos extraer de una relación especial con Él. Si esto se les antoja demasiado abstracto, aplíquenlo a su motivación cambiante para meditar, durante un periodo de tiempo, y verán más claro a qué me refiero. La espiritualidad cristiana identifica tres formas de praxis que son de especial relevancia para las personas que deseen sacar algo de la Cuaresma: el ayuno, la limosna y la oración. Algunas personas ayunan o se abstienen de comer carne en Cuaresma – el ayuno generalmente supone tomar una única comida principal al día y no picar entre horas. Pero el ayuno puede aplicarse a otras áreas, además de a la de la alimentación. Podemos reducir nuestra ingesta de otros bienes de consumo, o de lo que ingerimos de los medios de comunicación, o de hábitos que fácilmente pudieran convertirse en compulsivos, como la televisión, los mensajes de texto, Internet, el uso del Ipod, las revistas, las compras innecesarias... A través de la meditación llegamos a la causa-raíz de todo desequilibrio y extremismo mediante la praxis espiritual esencial de “tornar nuestro centro hacia los demás”. Por eso nos hace sentir mejor: porque nos permite experimentar el genuino significado de la bondad.
Laurence Freeman OSB


(Traducido por Dolores Pías)