20 mar. 2011

Viernes, 1a. semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence Freeman OSB

Jesús les reasegura a sus discípulos que el esfuerzo que ponemos en la búsqueda espiritual nunca es desperdiciado. Pide y recibirás, busca y encontrarás, golpea y la puerta se abrirá. Cualquiera que inicia un nuevo emprendimiento necesita esta clase de aliento y confianza o el primer tropezón o desaliento nos sacará del camino. Pero la confianza debe ser cultivada para ser realista. La palabra meditación en sánscrito sugiere no una gratificación instantanea sino un cultivo gradual. Claramente Jesús no es un evangelista de la TV que engaña a los pobres y vulnerables diciendo que oren por lo que se desea y les será dado al día siguiente. No oramos para recibir beneficios de Dios, dijo Origenes, el primer maestro cristiano del primer siglo, sino para llegar a ser como Dios. Entonces qué clase de pedido, búsqueda y toque constituye el viaje espiritual? En nuestro estilo de vida de tan alta tecnología y estrés nos encanta tener muchas ocupaciones. Las personas que pueden manejar muchas cosas simultáneamente son admiradas al vivir con el dedo en el iPhone y un ojo en el noticiero mientras cocinan el almuerzo. Lo último en investigación científica, sin embargo nos hace cuestionar este valor cultural. Parece ser que solo aprender desde una pantalla de la computadora no permite que el conocimiento ahonde en la memoria de largo plazo, por lo que tantas actividades reducen la calidad del trabajo hecho. La persona no produce resultados duraderos. Por lo tanto "pide y recibirás"-siempre y cuando pidas lo único necesario y te acuerdes de esto a los cinco minutos. Busca y encontrarás- si es que no te distraes inmediatamente con otra cosa. La recompensa por orar que Jesús nos promete no es la satisfacción de deseos a corto plazo, sino la transformación radical del deseo al descubrimiento de lo que realmente queremos. Llegar a querer lo que realmente queremos es la vida moral. Disfrutarla, es la vida contemplativa.
Laurence Freeman, OSB
(Traducido por Mary Meyer)