20 mar. 2011

Martes,1a. semana de Cuaresma. Mensaje del P. Laurence Freeman OSB

“¿Dormiste bien anoche?” Es una pregunta lo suficientemente común si te encuentras con personas en casa, pero en una conferencia, es una pregunta amable, pero al mismo tiempo bastante íntima. Ten cuidado cómo la preguntas – ya que algunas personas la pueden tomar como una invitación para contarte su vida ideal durante el desayuno. Detrás de la pregunta está la inquietante estadística de que el ochenta porciento de los residentes de los EEUU tienen una privación crónica del sueño – y ya que todos nosotros parecemos propensos a adoptar las disfunciones de los paises industrializados, esto probablemente se aplica a una parte de nosotros. El sueño es una experiencia de desierto. Nos retiramos del ajetreo de la vida diaria hacia una esfera de conciencia donde comúnmente pasamos por emociones de sueño turbulentas y preocupaciones hasta llegar a un estado de calma y descanso sin sueños. Si no podemos dormir bien porque nuestras mentes están muy agitadas o nuestro estilo de vida no respeta la armonía entre el cuerpo y la mente, no alcanzaremos este lugar de tranquilidad donde somos energizados y recargados por la quietud. Y nuestro comportamiento al día siguiente lo hará evidente. Cuando meditamos estamos en un tipo de sueño despierto (“Yo dormía pero mi corazón estaba despierto” como lo diría el Cantar de los Cantares 5:2). El primer estado de la meditación es la relajación, pero si no estamos acostumbrados a ella podríamos rápidamente sentirnos sobrepasados y quedarnos dormidos o batallar con la somnolencia. La postura, la digestión de los alimentos, el tiempo y la práctica ayudarán a llegar a un balance entre el estar alerta y la relajación. Deja que los músculos de tu cara se relajen como los de un bebé mientras duerme pero siéntate con tu espalda recta. Recitar el mantra es un acto de fe y un trabajo de atención. El viaje al lugar de descanso y purificación, al oasis en el desierto, es ese trabajo esencial de la atención que es el corazón de toda oración. Despiertos en este nivel, reconocemos que habíamos estado cerrados a algo antes. A la relación que es sin ataduras. Al silencio que es verdad.
Laurence Freeman OSB

(Traducido por Ana Sofía Arteaga)