18 feb. 2010

Mensaje del P. Laurence el Miércoles de Ceniza


Miércoles de Ceniza
El mundo cristiano inicia hoy la Cuaresma, los cuarenta días de preparación para los misterios de Pascua – con ecos de muchos pasajes bíblicos y del Corán, como el número de días que Jesús pasó en el desierto antes de comenzar su vida pública y los cuarenta años del Éxodo. Simbólicamente estos cuarenta días significan un tiempo estimado o “mucho tiempo”. En semanas es el tiempo promedio del embarazo.
Como meditadores, podríamos ver nuestras dos sesiones diarias de meditación durante la Cuaresma, como una feliz oportunidad para profundizar, clarificar y recomenzar nuestro peregrinaje al centro del corazón. Podríamos también añadir otra sesión de meditación cuando sea posible o tal vez un período más corto de quietud y silencio a mediodía. Para los principiantes es una buena oportunidad de iniciar al ego en una práctica que siempre es retadora, pero especialmente al comienzo. Establecer un tiempo para introducirnos en la práctica de la meditación nos ofrece un objetivo de corto plazo que puede convertirse en un buen hábito que se aprende para toda la vida.
La Cuaresma es un tiempo para reflexionar sobre las escrituras y otros textos sobre el significado de la vida como viaje espiritual. Debemos escoger cuidadosamente qué leer – por ejemplo, podemos tomar uno de los evangelios durante toda la Cuaresma y familiarizarnos con él, así como uno de los textos claves de nuestra tradición contemplativa – La Puerta al Silencio de John Main, por ejemplo.
En lugar de ver a la Cuaresma como el tiempo en que renunciamos a lo que nos agrada – aunque un poco de auto-control tampoco nos haría daño – podemos verla como el tiempo para apreciar el amplio abanico de instrumentos que tenemos disponibles para mantenernos despiertos y entusiasmados en el camino espiritual. Si recibimos hoy la ceniza en nuestra frente y escuchamos las palabras “recuerda que eres polvo”, este recordatorio de nuestra mortalidad puede agudizar nuestra apreciación y disfrute del precioso regalo de la vida y la conciencia humana.
Laurence Freeman