24 dic. 2009

Mensaje Navideño 2009 de Laurence Freeman osb

(tomado de la traducción al español de www.meditacioncristiana.com)


Mis muy queridos amigos:
Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios (Lucas 2:13)
Según una tradición judía, cuando los ángeles vieron el trabajo que Dios había hecho con la creación comenzaron a cantar alabanzas que siguieron a través de los tiempos en el corazón de todas las cosas. La historia del nacimiento de Jesús provocando otro arrebato cósmico después de que los pastores conocieran la buena noticia nos recuerda que similar y diferente es la nueva creación en Cristo.

De modo similar el mantra canta en nuestros corazones en la epifanía de su nacimiento en nosotros. La historia de los evangelios del nacimiento y la infancia de Jesús contiene un número de Cánticos- el Benedictus de Zacarías, el Magnificat de María y la Canción de Simeón – que se han convertido en parte del la oración diaria de los cristianos. Estos actos humanos de alabanza probablemente fueron compuestos en los principios de la comunidad cristiana ya que reflexionaban sobre el misterio de Jesús y gradualmente penetraron sus profundidades. Fueron aplicados retrospectivamente en el Evangelio de Lucas a los posteriores relatos de su nacimiento. Este patrón muestra como la oración, la liturgia y las Escrituras tejen la tradición de la fe y es hacia esta densidad de significado a la que regresamos cada año en la celebración de la Navidad.

Los seres humanos cuentan historias para encontrar el significado que necesitamos para vivir bien. Las historias de las Escrituras son distintas a las novelas e incluso a la literatura de ficción con la que nos entretenemos. Las narrativas de las Escrituras, como la del nacimiento de Jesús, descubren para nosotros hechos más grandiosos cada vez que lo recordamos, ya que están recientemente entrelazadas con las historias de nuestras propias vidas. Nuestra profunda experiencia espiritual, la conciencia elevada y clarificante resultado de nuestra meditación, se alimenta de la Palabra que está viva y activa. También nos lleva de vuelta a las Escrituras con hambre nueva y nueva capacidad de comprensión.La Navidad es una celebración del significado. Mucho de ello se ve reflejado en nuestros modos culturales de celebrar en esta época del año- el intercambio de regalos que nos recuerda que las relaciones humanas se basan en dar y no regatear o explotar; las reuniones de familias y amigos que nos recuerdan que no estamos solos en las soledades del peregrinaje humano; el comer y el beber que nos recuerdan que las celebraciones son naturales y necesarias. Pero todo esto depende de la experiencia personal del significado esencial de la Navidad – la pobreza y la simplicidad drástica, la intoxicante proximidad a Dios que revela nuestra total dependencia para ser. Cuanto más cerca estemos de esta simplicidad radical – hacia la cual nuestra meditación nos dirige continuamente – más alabanzas tendremos para cantar. Cuanto más plena sea la canción, más rico será el silencio.

Mantengámonos unidos en nuestros corazones como una comunidad durante esta temporada feliz. Que nuestra comprensión de esta nueva creación nos devuelva el amor a la tierra necesario para reparar el daño que le hemos infligido. Que nuestra vida como comunidad aumente la energía de paz por el que lucha nuestro mundo dividido, tanto como la justicia de la que la paz depende – la sabiduría misma que Jesús recién nacido encarna.El 30 de diciembre el Centro de Retiros en Londres celebrará el regalo de John Main al mundo en el 27 aniversario de su entrada en la luz de Cristo.
En el sitio (http://www.wccm.org/) pondremos sugerencias para recordarlo simplemente como a algunos de ustedes les gustaría hacerlo en estos momentos en sus grupos de meditación.


Con mucho cariño,

Laurence Freeman OSB