1 mar. 2017

CUARESMA 2017 (Traducción: Jorge Rago)

Estas lecturas diarias por Laurence Freeman, monje benedictino y Director de La Comunidad
Mundial para la Meditación Cristiana, son para ayudar a aquellos que las siguen para hacer una mejor Cuaresma. Este es un tiempo establecido y de preparación para la Pascua de Resurrección, durante el cual se da especial atención a la oración, generosidad a otros y auto-control. Es costumbre renunciar a algo, o restringirte el uso de algo, pero también hacer algo adicional que te beneficiará espiritualmente y te simplificará. Recorrer estas lecturas será un incentivo para empezar a hacer de la meditación  una práctica diaria, o si ya es así, entonces profundizándola más cuidadosamente al prepararl para los tiempos de meditación. Las meditaciones de la mañana y la tarde entonces se convierten en el verdadero centro espiritual de tu día. Aquí está la tradición, una muy simple forma de meditar  que nosotros enseñamos:

Siéntate, siéntate inmóvil, con la espalda derecha. Cierra tus ojos suavemente. Respira normalmente. Silenciosamente, interiormente comienza a repetir una palabra sencilla o mantra. Nosotros recomendamos la antigua frase oración “maranatha”. Es arameo (el idioma de Jesús) por “Ven Señor”, pero no pienses en su significado. El propósito del mantra es poner a un lado todos los pensamientos, buenos, malos, indiferentes, junto con imágenes, planes, recuerdos y fantasías. Di la palabra en cuatro sílabas iguales: ma ra na tha. Escúchala mientras la repites y mantente retornando a ella cuando te distraigas. Medita por veinte minutos cada mañana y tarde. Meditar con otros, como en un grupo semanal, es muy útil para desarrollar esta práctica como parte de tu vida diaria. Visita la página web de la comunidad para más información e inspiración: www.wccm.org

Miércoles de Ceniza


Hoy, con la sensación arenosa de la ceniza en tu frente (eso es si te gusta el ritual o en un humor más conceptual, si no te gusta) comenzamos un viaje. Si te gustaría recibir las cenizas hoy pero no tienes tiempo para ir a una iglesia, o si no te gusta la iglesia, pídele a un amigo que te las ponga en la frente, lo pueden hacer con la señal de la cruz y unas pocas palabras. “Recuerda, tú eres polvo y al polvo retornarás”. O un poco menos rígido pero no menos radical, “Conviértete y vive el evangelio”.

El viaje es la cuestión, no la manera como lo comienzas. Es un viaje de cuarenta días, un número que simboliza muchas cosas - un tiempo de transición, corrección, purificación. De acuerdo al Talmud, a la edad de cuarenta años, uno se vuelve más capaz y adquiere otro nivel de sabiduría. Los cuarenta días antes del Yom Kippur son vistos como un tiempo especial para el crecimiento personal.

Primero decide si en verdad quieres hacer este viaje. Tal como comenzar a meditar, solo decide si quieres empezar, sin preocuparte acerca de si lo vas a terminar. Espiritualmente no hay ganadores de la carrera, solo aquellos que se mantuvieron en ella. Y aquellos que cayeron al borde del camino, eventualmente consiguen ser llevados el resto del camino. El universo es amigable para todos al final.

Puede que entres a esta temporada de Cuaresma con una sensación de que te encuentras  un poquito desordenado y que necesitas ser re-balanceado y arrojar equipaje interior innecesario, ataduras, adicciones, lamentos , culpa, ansiedad. Es suficiente saber que esto es posible y que hay un plan para lograrlo. O puedes sentirte suficientemente balanceado para saber que todavía tienes un largo camino que recorrer. Así que puedes empezar el viaje de este año con la intención positiva de entrar en un autoconocimiento más profundo y una claridad más brillante.

Puedes comenzar con una mezcla de intenciones y motivos. Estos pueden cambiar, al tú cambiar, a un peregrinaje (sin finalidad excepto la de terminar) o un salto desde el borde del más alto acantilado del mundo a un burbujeante mar azul (la llegada es el viaje). La ceniza es el recordatorio que a pesar de nuestra complejidad, tenemos un núcleo radicalmente sencillo. Nuestra común mortalidad nos recuerda de esto como una oportunidad para realzar el realismo y disfrutar de la vida, más bien que el temor y la neurosis. Como la ceniza es un signo externo, recitar el mantra es un sacramental interior.
Ellos son actos que nos permiten parar de pensar en todo ello y ser uno con todo ello.

El desierto al que Jesús entró por sus cuarenta días es nuestro modelo para la Cuaresma. El fue “llevado” allí. En este viaje nosotros no escogemos tanto como que más bien consentimos. El fue tentado. Si nosotros no somos probados,  permanecemos bloqueados por nuestras limitaciones, viéndonos a nosotros mismos como frustrados, más que como seres renovables.

¿Por qué no nos montamos todos y cada uno de nosotros en este interesante carro de la banda musical y hacemos el viaje? Porque el camino es pobreza. Desapego y simplificación. Esto nos asusta porque tememos que podamos terminar teniendo nada. En realidad, esa verdaderamente es la meta. No sigamos el evangelio perverso de prosperidad y éxito. Si esa falsa noticia, que no es buena noticia, se convierte en nuestro camino, pues bien, cuarenta días más tarde nos encontraremos que ni siquiera hemos dejado la base. La meta (después de cuarenta días de variable longitud) es que no deseemos tener posesiones con justamente el mismo fervor con que la gente generalmente desea tenerlas. Esta pobreza es el significado de libertad. Es meditación. Es el viaje en el desierto.

Traducción: Jorge Rago