25 nov. 2016

Meditación cristiana y compromiso político por la paz

Entrevista del P. Alfredo Infante sj, Director de la revista SIC con el P. Laurence Freeman OSB,

Director Internacional de la Comunidad mundial de meditación cristiana (WCCM).
Versión en inglés: Entrevista de SIC a Laurence Freeman inglés (Traducción al español) Articulo original: http://bit.ly/2fBCTIL

1.- Toda violencia, aunque sea estructural, tiene su raíz en el corazón humano. ¿Qué incidencia tiene la meditación cristiana en la configuración del sujeto pacífico (no pasivo) que se compromete con la construcción de la paz?
– La intuición y estudios científicos sugieren que la naturaleza humana es esencialmente buena y su tendencia natural es más hacia la colaboración que a la confrontación violenta. La violencia surge cuando la rabia no es controlada. La rabia brota de la tristeza que experimentamos cuando nos sentimos bloqueados, traicionados o abusados. Dios le dijo a Caín cuando se encontraba en ese estado


¿Por qué estás triste y bravo? Dios le advirtió a Caín que usara el tiempo disponible antes de que el “pecado” –identificado aquí con la expresión violenta de su rabia- lo dominara. Violencia – en la frase impactante de un poeta moderno- es “falta de imaginación”. Es similar a la lujuria como fuerza que si no controlamos nos despoja de todo autocontrol.
Estudios del cerebro han mostrado que la meditación activa la parte ejecutiva del cerebro responsable del juicio claro y balanceado, y reduce las reacciones de la parte del miedo y la huida. Esto, sin embargo, es sólo una manera de describir qué sucede cuando a niveles profundos de nosotros mismos practicamos el silencio y la quietud y nos hacemos verdaderamente presentes, permitiendo así que surja el conocimiento de Dios y fortalezca nuestra débil voluntad. La rabia no es necesariamente mala, especialmente si surge por la injusticia que sufren otros. Lo importante es controlar la rabia y su expresión en una forma que trate deliberadamente dañar a otros.
¿Qué otra alternativa tenemos? La violencia nunca resuelve problemas. Pero una decisión consciente de practicar la no-violencia exige más fuerza que la que tenemos en nosotros mismos. Nos enfrenta con nuestra débil voluntad y con nuestra impaciencia. Pero también puede revelarnos que el poder de Dios se manifiesta justamente en nuestra debilidad.
Esto es un riesgo, pero es uno que vale la pena tomar. La meditación fortalece nuestro compromiso de ser como Jesús, quien le hace la pregunta al soldado que lo golpeó: “Si yo he dicho algo malo dímelo, si no, ¿por qué me maltratas?” Esta pregunta no lo salvó de la muerte, pero ha pasado a lo largo del tiempo como la respuesta más espléndida a la violencia.
2.- El ser humano es un ser político porque convive junto a otro, se relaciona, y en esa convivencia-relación tiene que construir al bien común. ¿Qué aporta en este sentido la meditación cristiana a la política?
– Los frutos de la meditación son los frutos del Espíritu, es decir, los signos de la vida divina que despierta en nosotros y ayuda a transformarnos. Ellos son relacionales: amor, alegría, paz, paciencia, bondad, benevolencia y autocontrol. Nosotros vemos los frutos de la meditación en nuestras relaciones. La política está presente en todas nuestras relaciones -sexuales, familiares, religiosas, económicas- al menos hasta que esta transformación sea completa. Pero la forma en que se maneje la política estará influida por esta transformación que es menos que nuestra divinización –habrá menos miedo, menos rabia incontrolada, más verdad, transparencia y confianza. No hay duda de que cuando la gente medita junta crece el espíritu de confianza. No hay política en Dios. Pero necesitamos manejar nuestros hábitos políticos e instintos y asegurar que ellos estén influenciados por la vida interior del espíritu.
Tuve una conversación con Lee Yuan Yew, el padre fundador de la moderna Singapur quién había aprendido a meditar antes de morir. Él fue un político consumado, fuerte pero justo básicamente Yo le pregunté si él le recomendaría a los políticos meditar juntos cuando se reunieran, él sonrió y dijo que no creía que fuera muy factible. Pero entonces añadió, si, que él lo recomendaría de todas maneras, especialmente si la violencia fuera un posible desenlace de las reuniones. Entonces, dijo, ellos debieran meditar todo el día juntos.
La meditación revela el terreno común entre todos nosotros, incluso con nuestros enemigos. Cuando vemos eso empezamos a ver cómo podemos colaborar y trabajar hacia un bien común.
3.- Puede compartir experiencias concretas de los dos aspectos anteriores que ilustren sus respuestas. Pueden ser experiencias de cualquier parte del mundo.
– Una vez nosotros organizamos un seminario en Belfast poco después de que los problemas disminuyeron. Invitamos a grupos de políticos de ambos lados del conflicto a reunirse en privado y les pedimos en un espacio contemplativo que compartieran cuáles eran sus miedos secretos. Yo estaba sorprendido de la disposición que ellos mostraron en describir estos, de cuan similares eran sus miedos y de cuanto se elevaron sus niveles de confianza y de amistad a medida que se escuchaban unos a otros.
También sostuvimos una reunión con las víctimas de la violencia de ambos lados, muchos de los cuales había perdido seres queridos. De nuevo en un ambiente meditativo, ellos eventualmente comenzaron a describir sus pérdidas y dolor. A medida que lo hacían, el bloque de hielo entre ellos comenzó a derretirse y yo pude sentir el río de compasión fluyendo entre ellos.
Por años el FMI[1] nunca mencionó las palabras ética o corrupción. Recientemente ellos sostuvieron paneles de discusión muy exitosos al más alto nivel de liderazgo y abordaron estas realidades. Las personas clave responsables de este cambio en políticas públicas estaban, me parece, claramente influenciados por su práctica contemplativa, su meditación diaria. El primer paso en la reforma institucional es tal honestidad y coraje.